Cannodale H300
La Bici de mi papá
Mi papá andaba mucho en bici. Tengo infinitos recuerdos de él con calzas, jersey y casco. A los ocho años me llevaba desde nuestra casa en Villa Urquiza hasta Parque Avellaneda, los dos pedaleando. Para mí era como viajar a otro país, a otro mundo. Eran los mejores planes. A fines de los 90, él tenía un pelotón y salía a andar todos los domingos con una Cannondale H300. La amaba, la cuidaba mucho. Cuando se compró una mejor, me la regaló a mí. Esa es la bici con la que hice toda la carrera de Diseño. Mi papá murió en 2010. Yo todavía no me había recibido. Seguí yendo a la facu en su bici. Pensaba mucho en él, en cómo me había transmitido el gusto, en cómo, de alguna manera, seguíamos conectados pedaleando.
A la Cannondale le puse alforjas fijas. Cuando llegaba a la facultad tenía el impulso de sacarlas de la bici y llevármelas al aula. Así surgió la idea de una alforja móvil, que se pueda usar en la bici y en la facultad. Fue la tesis que presenté para recibirme y el primer producto que diseñamos con Dani para Dinamo.
Hoy sigo andando en la Cannondale de mi viejo. La restauré, le puse una sillita y llevo a mi hija de paseo. Él no llegó a conocer a su nieta, ni llegó a ver que hoy mi trabajo está tan íntimamente ligado a la pasión que me transmitió. Me hubiera gustado poder compartirlo con él y agradecerle. Ser padre también es eso: abrir el mundo, despertar pasiones, contagiar los buenos deseos.
No sé a qué se va a dedicar mi hija, falta mucho. Tampoco sé si la Cannondale va a aguantar hasta que ella pueda usarla. Yo se la cuido para que algún día también la pueda disfrutar y recuerde las tardes en las que anduvimos en la bicicleta que su abuelo, sin saberlo, nos dejó a los dos.